jueves, 17 de abril de 2014

SAFARI (Toyin Adewale-Gabriel, nigeriana)

Cuando leí mis poemas,
goteantes de fuego y alcantarillas,
me preguntaron: "¿No escribe usted
acerca de árboles y constelaciones?".
Y yo dije, en esta tierra amamos con dolor
hasta las melenas parecen látigos.
No puedo fingir que la sangre en
mi boca es salsa de tomate.
Tu libro se aflige en mi mesa.
Las bromas en nuestro almuerzo se volvieron rancias
Que sacrificio soportamos,
ladrillos sobre cabezas desgastadas.
Cargas que crecen abundantemente.
A través del polvo, busco tu aroma,
tu corazón de safari, esa curiosa dicha
que irriga tu poesía,
veo huesos vendidos en cuentas bancarias,
un depósito, a la espera de bárbaros.
Es por ello que el viento esparce tus palabrasa,
de avispas, de redes, de gemidos.

viernes, 28 de marzo de 2014

ENVÍO (Washington Delgado, peruano)



San Santiago del Cuzco,
muy caballero,
en su caballo blanco
baja del cielo.
Las espuelas de plata, 
dorado el pelo,
claros ojos redondos,
negro el acero.

De la sombra le miran
los que murieron.
San Santiago del Cuzco,
muy caballero,
pisa tierra peruana,
no quieren verlo;
a su España se vuelve,
no quieren verlo;
por el mundo camina,
no quieren verlo.

San Santiago del Cuzco,
muy caballero,
a su cielo regresa,
con torvo ceño.
No quieren verlo.

sábado, 1 de marzo de 2014

LA ARAÑA CUELGA DEMASIADO LEJOS DE LA TIERRA (Antonio Cisneros, peruano)

La araña cuelga demasiado lejos de la tierra,
tiene ocho patas peludas y rápidas como las mías
y tiene mal humor y puede ser grosera como yo
y tiene un sexo y una hembra -o macho, es difícil
saberlo en las arañas- y dos o tres amigos,
desde hace algunos años
almuerza todo lo que se enreda en su tela
y su apetito es casi como el mío, aunque yo pelo
los animales antes de morderlos y soy desordenado,
la araña cuelga demasiado lejos de la tierra
y ha de morir en su redonda casa de saliva,
y yo cuelgo demasiado lejos de la tierra
pero eso me preocupa: quisiera caminar alegremente
unos cuantos kilómetros sobre los gordos pastos
antes de que me entierren,
y ésa será mi habilidad.

sábado, 1 de febrero de 2014

MIENTRAS DESCIENDE EL SOL (Félix Grande, español)

Mientras desciende el sol, lento como la muerte,

observas a menudo esa calle donde está la escalera
que conduce a la puerta de tu guarida. Dentro
se encuentra un hombre pálido, cumplida ya, remota
la mitad de su edad; fuma y se asoma
hacia la calle desviada; soríe solitario
a este lado de la ventana, la famosa frontera.
Tú eres ese hombre; una hora larga llevas
viendo tus propios movimientos
pensando desde fuera, con piedad,
las ideas que en el papel pacientemente depositas;
escribiendo, como fin de una estrofa,
que es muy penoso ser, así, dos veces,
el pensarse pensando,
la vorágine sinuosa de mirar la mirada,
como un juego de niños que tortura, paraliza, envejece.
La tarde, casi enferma de tan lejana,
se sumerge en la noche
como un cuerpo harto ya de fatiga, en el mar, dulcemente.
Cruzan aves aisladas el espacio de color indeciso
y, allá al final, algunos caminantes pausados
se dejan agostar por la distancia; entonces
el paisaje parece un tapiz misterioso y sombrío.
Y comprendes, despacio, sin angustia,
que esta tarde no tienes realidad, pues a veces
la vida se coagula y se interrumpe, y nada entonces
puedes hacer contra ello, más que sufrir un sufrimiento,
desorientado y perezoso, una manera de dolor marchito,
y recordar, prolijamente,
algunos muertos que fueron desdichados.

domingo, 12 de enero de 2014

ASÍ (Kim Addonizio, norteamericana)


Ámame como un giro equivocado en un camino malo tarde en la noche, sin luna y sin un
pueblo cercano
y con un gran animal hambriento moviéndose pesadamente a través de la maleza junto
al camino.
Ámame con una venda sobre tus ojos y el sonido de un agua herrumbrada
que mana bruscamente del tubo en la cocina, que gotea a través
del piso de madera hasta el cemento caliente. Hazlo sin preguntar,
sin extrañarte y sin pensar en nada, mientras la maquinaria
está apagada y el vigilante desplomado de sueño frente a su pequeño televisor
que muestra el pequeño garaje, los pasillos desiertos; mientras los ladrones atraviesan
la baranda con cortadoras de acero. Ámame cuando no puedas encontrar
abierto un restaurante decente en ningún sitio, cuando estés solo en un comedero
relumbrante
junto a dos monjas que se pelean en el asiento de atrás, cuando tus huevos estén
grasientos
y cuando te sirvan crudas tus tortas fritas. Arranca los botones de enfrente de mi
vestido
y lánzalos uno a uno a la laguna donde los peces acechan justo debajo de la superficie,
moviendo sus frías aletas. Ámame en la capota de una camioneta que nadie ha
conducido
en años, hundida hasta el guardabarros entre hierbas y girasoles muertos;
y entre los lirios, tu boca en mi garganta blanca, mientras las tortugas arrastran
sus barrigas a través del barro lustroso, a través de las huellas de fojas y patos.
Hazlo cuando nadie esté viendo, cuando los disturbios empiecen y se abran los aviones,
cuando el autobús salte a la cuneta y el conductor pise los frenos y el pedal se hunda
hasta el suelo,
mientras alguien lanza un plato contra la pared y recoge otro,
ámame como un congelante trago de vodka, como pita pura, ámame
cuando estés solo, cuando estemos demasiados cansados para hablar, cuando no creas
en nada, escucha, no hay nada, no importa; acuéstate
conmigo y cierra los ojos, el camino dobla aquí, voy a subirle al radio
y nos vamos a ir, y no vamos a regresar mientras tú me ames,
mientras lo sigas haciendo exactamente así.
 NOTA: Traducción del  poeta costarricense Gustavo Adolfo Chaves.

jueves, 12 de diciembre de 2013

TIEMPO, TIEMPO (César Vallejo, peruano)

Tiempo Tiempo.

Mediodía estancado entre relentes.
Bomba aburrida del cuartel achica
tiempo tiempo tiempo tiempo.
Era Era.
Gallos cancionan escarbando en vano.
Boca del claro día que conjuga
era era era era.
Mañana Mañana.
El reposo caliente aun de ser.
Piensa el presente guárdame para
mañana mañana mañana mañana.
Nombre Nombre.
¿Qué se llama cuanto heriza nos?
Se llama Lomismo que padece
nombre nombre nombre nombre.

jueves, 14 de noviembre de 2013

SONETO DEL AMOR VICTORIOSO (Francisco Luis Bernárdez, argentino)


      Ni el tiempo que al pasar me repetía
      Que no tendría fin mi desventura
      Será capaz con su palabra obscura
      De resistir la luz de mi alegría,
      Ni el espacio que un día y otro día
      Convertía distancia en amargura
      Me apartará de la persona pura
      Que se confunde con mi poesía.
      Porque para el amor que se prolonga
      Por encima de cada sepultura
      No existe tiempo donde el sol se ponga.
      Porque para el amor omnipotente,
      Que todo lo transforma y transfigura,
      No existe espacio que no esté presente.